|
|
|
EL
LORO EN EXTREMADURA
(descargar
"pdf")
Prunus lusitanica,
que en Extremadura se denomina loro
o lorera (aunque este último término suele reservarse para cuando
forma bosquetes), es un árbol que presenta un notable interés. Tiene
un área muy dispersa, con enclaves aislados en la Península Ibérica,
Suroeste de Francia, Norte de África, Canarias, Madeira y Azores.
Además tiene tres subespecies: lusitanica en la Península, Francia
y Norte de África, hixa en Canarias y Madeira y azorica en Azores.
Estas dos características, área dispersa y varias subespecies, son
propias de especies muy antiguas, y efectivamente parece ser que
Prunus lusitanica es una especie que ya estaba presente como tal
en la Era Terciaria. En aquel tiempo la Península Ibérica, y más
concretamente Extremadura, tenía un clima bastante más cálido y
húmedo que el actual, un clima que podría asimilarse a los climas
subtropicales actuales, presente aún en algunas zonas de Canarias,
Madeira y Azores. En estas islas, con estos tipos de clima el loro
forma
parte de la laurisilva (bosque mixto subtropical, formado por árboles
de hoja tipo laurel: anchas, ovaladas, coriáceas, persistentes
y lustrosas). A finales del Terciario amplias zonas de Extremadura
debieron tener una cubierta vegetal del tipo de la laurisilva. Posteriormente,
las grandes sequías del final de la Era Terciaria y las glaciaciones
de la Era Cuaternaria diezmaron estos bosques, eliminando las especies
más exigentes en humedad y menos resistentes al frío, quedando relegados
a enclaves resguardados y empobreciéndose bastante en especies.
Hoy día sin embargo aún quedan loreras en Extremadura, cuya apariencia
es totalmente la de un bosque subtropical, y además tienen una serie
de elementos que las emparentan notablemente con las laurisilvas
macaronésicas.
Las loreras extremeñas
viven sobre suelos de naturaleza silícea; sobre todo litosoles dístricos,
y menos cambisoles éutricos (cuenca alta del Guadalupejo) y planosoles
dístricos (cuenca alta del Ruecas). Estos suelos están asentados
sobre cuarcitas, pizarras y esquistos fundamentalmente. La humedad
edáfica está asegurada en parte por las precipitaciones, que son
muy abundantes en el área y en parte por la escorrentía, que aporta
agua procedente de las partes altas de las sierras. La situación
topográfica general de las localidades extremeñas de esta especie
es de media montaña (las cotas máximas del entorno próximo (5 Km.
a la redonda) se sitúan entre 1000 y 1500 m de altitud), sólo algunas
localidades se sitúan en montaña baja (Arroyos del Picadero, Torneros
y del Colmenar) o en montaña (cuenca alta del río Guadalupejo).
La situación topográfica local es mayoritariamente en barrancos,
aunque en alrededor de un tercio de las localidades el loro se sitúa
también a media ladera, formando parte de la vegetación zonal; muy
pocas localidades se sitúan en el margen de algún río o arroyo.
En estos barrancos frescos, los loros están resguardados del frío
intenso, ya que no reciben directamente el viento frío del Norte,
ni el sol directo de las primeras horas de la mañana, y normalmente
están a salvo de heladas fuertes debidas a inversiones térmicas
por no situarse en el fondo de los valles y por la gran humedad
de estos barrancos. La altitud media de las localidades extremeñas
es de 706 m, situándose el rango entre 400 (arroyo de Torneros)
y 1.100 metros de altitud (garganta Salóbriga), teniendo sus mejores
representaciones entre 600 y 900 metros. La exposición predominante
es la NNE, es decir, la umbría pura; la mayor parte de las localidades
se sitúa entre las exposiciones NO y NE, muy pocas localidades están
expuestas hacia el sur (El Mato, SSE) y en este caso el ocultamiento
topográfico impide que la insolación sea excesiva. La pendiente
media de las loreras extremeñas es del 56%, con valores extremos
entre el 20 y el 100%, y situándose la mayor parte entre el 32 y
el 80%; es una especie que habitualmente se sitúa en terrenos con
fuerte pendiente. El clima general de las localidades es el VI(IV)2
"Nemoromediterráneo genuino subtípico", aunque matizado
por la situación topográfica local que ocupan y por la vegetación
del entorno, que es en la gran mayoría de las ocasiones arbórea
y densa.
La precipitación anual promediada de las localidades
extremeñas es de 760 mm, repartida irregularmente, de forma que
durante el verano tan solo reciben 54 mm, y el periodo seco es de
3,2 meses. Los días de niebla al año son unos 20, y probablemente
la precipitación horizontal sea importante, y atenúe en parte la
sequía de los meses más cálidos. La temperatura media anual promediada
es de 14,4 ºC, la temperatura media del mes más frío (enero) es
de 5,8 ºC y la temperatura media de las mínimas del mes más frío
es de 1,4 ºC, de forma que no hay periodo de helada segura, sin
embargo el periodo de helada probable es de casi 6 meses. La temperatura
media del mes más cálido (julio) es de 25,3 ºC y la media de las
máximas de este mes es de 32,2 ºC, es una especie por lo tanto bien
adaptada al calor. Se suele encuadrar estos bosques entre la vegetación
intrazonal, sin embargo hay razones para considerarlos zonales:
en la tercera parte de las localidades encontramos ejemplares de
Prunus lusitanica lejos del cauce del arroyo que forma el
barranco donde vive. Hay un dicho popular de las Villuercas que
dice: "Al loro le gusta ver el agua, pero no tocarla".
Hay algunos bosquetes que no se circunscriben a un cauce, sino que
están prácticamente a media ladera (garganta de la Trucha). Por
otro lado, fuera de los barrancos que tienen el microclima tan especial
que requiere el loro, no hay ninguna representación suya, lo que
nos indica su ligazón al clima.
Las loreras en Extremadura podemos encontrarlas en las
sierras de Guadalupe y Villuercas; también hay una localidad en
Sierra de Gata (Arroyo del Becerril, cerca de Acebo). Muy cerca
de Extremadura hay localidades en Montes de Toledo y Gredos. Las
mejores loreras las podemos encontrar en: garganta de la Trucha,
en el valle del Guadarranque, esta sin duda es una de las loreras
más impresionantes que podemos encontrar, con una extensión de varias
hectáreas, densa, con árboles altos, y el aspecto de una laurisilva;
cabecera del río Guadarranque; garganta del Mesto, en el valle del
Hospital del Obispo; arroyo de las Hoyuelas, en el valle del Viejas;
barranco de los Loros, en el valle del Ibor; curso alto del Ruecas;
y El Mato, Valdegracia y Hoya del Manzano, en el curso alto del
Guadalupejo. Podemos encontrar rodalillos de loro en: arroyo del
Picadero, que va a dar a la garganta Descuernacabras; Los Loros
en el arroyo del Colmenar; El Rostro, en la apretura del Viejas,
en el valle del Ibor; garganta de Porrinas y Arroyo de la Venta,
en la cabecera del río Gualija; garganta de Santa Lucía, en la umbría
de Cabañas del Castillo; y Collado Llano, en la cabecera del Guadalupejo.
Pies sueltos de loro se encuentran diseminados por bastantes barrancos
de las Villuercas, entre ellos podemos destacar: arroyo de Torneros,
que va a dar a la garganta Descuernacabras; arroyo de Lijarejo y
El Barrerón, junto al arroyo del Colmenar; chorrera de las Calabazas,
en el valle del río Gualija; garganta Salóbriga; barranco de la
Ventosilla, en el curso alto del Guadarranque; arroyo de la Tejadilla,
en el Viejas; umbría de la sierra del Castillejo, y arroyo del Brezo,
en la garganta de Santa Lucía, que va a dar al río Almonte; río
Guadalupejo; Puertollano, en la cabecera del río Silbadillos; y
arroyo del Becerril, cerca de Acebo, en la sierra de Gata.
La estructura de una lorera bien conservada es la de
un bosque muy denso (70% > cc > 100%), no muy alto (~10 m),
con dominancia de árboles y arbustos de hoja lauroide: loro (Prunus
lusitanica), madroño (Arbutus unedo), durillo (Viburnum
tinus) y acebo (Ilex aquifolium que es escaso); tenemos
también brezos (que juegan un importante papel condensando la humedad
de las nieblas): Erica arborea, Erica scoparia y Erica
lusitanica, llegan a alcanzar gran talla, sobre todo la primera,
que puede alcanzar incluso 6 m. También pueden vivir en la lorera
algunos árboles exigentes en humedad, caducifolios y subsclerófilos,
con hoja ancha, aunque su representación es escasa: aliso (Alnus
glutinosa), fresno (Fraxinus angustifolia), quejigo (Quercus
faginea broteri), rebollo (Quercus pyrenaica), castaño
(Castanea sativa), mostajo (Sorbus torminalis, muy
raro), ácere (Acer monspessulanum, muy raro). También hay
árboles esclerófilos bien adaptados al clima mediterráneo: encina
(Quercus ilex ballota) y alcornoque (Quercus suber).
La sombra de este bosque es muy densa, de manera que pocas son las
especies que pueden vivir aquí: algunas enredaderas poco exigentes
en luz, o que la encuentran trepando a las copas de los árboles:
zarza (Rubus ulmifolius), hiedra (Hedera helix), parra
silvestre (Vitis sylvestris), nueza negra (Tamus communis),
y nueza (Bryonia cretica). Los helechos, por ser poco exigentes
en luz y bastante en humedad se adaptan bien al ambiente de las
loreras y son frecuentes en su sotobosque; podemos encontrar las
siguientes especies: helecho común (Pteridium aquilinum),
culantrillo negro (Asplenium onopteris), raspa de pescado
(Blechnum spicant), Asplenium billotii, helecho real
(Osmunda regalis), Asplenium trichomanes, helecho
macho (Dryopteris filix-mas), helecho hembra (Athyrium
filix-femina), polipodio (Polypodium sp.) y Dryopteris
dilatata. También pueden verse algunas angiospermas herbáceas
y leñosas bajas, pero en general en número muy escaso, de manera
que la cubierta del suelo de una lorera bien conservada es muy pobre
en plantas de pequeño porte: escorodonia (Teucrium scorodonia),
Carex elata, brusco (Ruscus aculeatus) e Hypericum
androsaemum.
Las loreras atraviesan manchas con madroño (Arbutus
unedo), durillo (Viburnum tinus), brezo blanco (Erica
arborea),…, rebollares (Quercus pyrenaica) y alcornocales
(Quercus suber) en su discurrir por los barrancos. Más raro
es que atraviesen algún encinar (Quercus ilex ballota) o
castañar (Castanea sativa). En el fondo de los barrancos
se mezclan con galerías arbóreas mixtas con alisos (Alnus glutinosa),
fresnos (Fraxinus angustifolia), sauces (Salix atrocinerea),…
y sotos arbóreos mixtos con las especies anteriores y quejigo (Quercus
faginea broteri), castaño (Castanea sativa), mostajo
(Sorbus torminalis),… Las alisedas (Alnus glutinosa)
son la continuación de estos bosques aguas abajo.
La degradación de las loreras tiene a veces un origen
natural: avalanchas de agua debidas a precipitaciones muy abundantes
en poco tiempo, generalmente producidas por tormentas fuertes; pero
lo normal es que sea el hombre quien produzca la degradación de
estos bosques. El pastoreo es una de las acciones más negativas
para las loreras. Es especialmente intenso durante el periodo estival,
pues las loreras son querenciosas para el ganado en esta época por
el frescor que proporcionan, además de follaje tierno y fresco.
El pastoreo impide la regeneración de las especies arbóreas. Otro
de los aprovechamientos que inciden negativamente en la regeneración
es la caza, por idénticos motivos que el ganado doméstico. En Villuercas
corzo y venado se alimentan durante todo el año de ramillos tiernos
y regenerado de loro.
Otra de las acciones que degradan estos bosques es la
extracción de leña, abusiva en numerosas ocasiones. También la degradación
de los bosques que atraviesan las loreras es bastante perjudicial
para ellas, pues se modifican notablemente las condiciones microclimáticas
(ausencia de regulación térmica, puesta en luz, disminución de la
humedad ambiental, ausencia de barreras que disminuyan la fuerza
del viento, etc.). Cuando se degrada una lorera, las especies más
delicadas (Prunus lusitanica, Ilex aquifolium y Viburnum
tinus) disminuyen en número, siendo sustituidas por otras menos
exigentes (Alnus glutinosa, Frangula alnus, etc.);
la lorera se transforma en aliseda o galería arbórea mixta con algunos
grupitos de loros. Esta sustitución a veces es completa, quedando
entonces únicamente una aliseda. Si la degradación es más profunda,
la lorera es sustituida por agrupaciones infrarbóreas como brezales
(Erica arborea, Erica lusitanica y Erica scoparia)
y matorrales hidrófilos (Cistus psilosepalus, Erica lusitanica,
Genista anglica, etc.). Cuando la degradación es extrema
la vegetación está constituida finalmente por zarzales de Rubus
ulmifolius y helechares de Pteridium aquilinum. La recuperación
de estas zonas tan degradadas es difícil por la modificación tan
notable que han experimentado las condiciones microclimáticas.
Al comparar las loreras extremeñas con el resto de loreras
peninsulares podemos observar que desde el punto de vista del medio
físico las localidades extremeñas están bastante próximas a las
localidades de la Sª de Gredos y de la Sª del Montseny-Guillerías
y las localidades más alejadas son las del Pirineo Occidental-Montes
Vascos y Sª de Gerês. Desde el punto de vista del cortejo florístico
la situación es distinta: las localidades más próximas a las extremeñas
son las localidades de la Sª da Estrela y de la Sª de Gerês y las
más alejadas las de la Sª del Montseny-Guillerías y las del Pirineo
Occidental-Montes Vascos.
Si comparamos las loreras extremeñas con las laurisilvas
canarias, podremos comprobar que desde el punto de vista del medio
físico hay una serie de similitudes: la situación topográfica local
típica de los dos tipos de bosque son los barrancos; la exposición
es norte en ambos casos; la pendiente media es del 56% en las loreras
extremeñas y del 57% en las laurisilvas canarias; la temperatura
media anual es de alrededor de 14º C en ambos casos; y la precipitación
media anual es de 760 mm en las loreras y de 740 mm en las laurisilvas.
Por otro lado si comparamos las fitocenosis observamos que son estructuralmente
similares y florísticamente muy emparentadas: las laurisilvas canarias
son bosques mixtos de laurifolios y brezos, densos (cc 80-95%),
de unos 13 m de altura, y con un sotobosque de matas y herbáceas
vivaces poco denso (cc 5-50%) donde son bastante frecuentes los
helechos. Las laurisilvas tienen, entre otras, las siguientes especies:
árboles y arbustos: Prunus lusitanica ssp. hixa, Arbutus
canariensis, Erica arborea, Erica scoparia var.
platycodon, Ilex canariensis, Ilex perado ssp.
platyphylla y Viburnum rugosum; lianas: Hedera
helix ssp. canariensis y Rubus ulmifolius; herbáceas:
Asplenium onopteris, Dryopteris oligodonta, Hypericum
grandifolium y Pteridium aquilinum. Estos datos nos llevan
a tener sospechas razonables acerca de un posible origen común de
las loreras y las laurisilvas.
|