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Corcho: propiedades y usos

Un material natural versátil, el corcho se cosecha de alcornoques vivos, algo así como la lana es recolectada de las ovejas. Los árboles no resultan dañados por el proceso, y siguen produciendo corcho durante un promedio de 150 años.

Antecedentes

El corcho está compuesto por células muertas que se acumulan en la superficie exterior del alcornoque.

Debido a su estructura en forma de panal, el corcho se compone en gran medida de espacio vacío; su densidad (peso por unidad de volumen) es una cuarta parte de la del agua.

Sin embargo, a diferencia de un panal, el corcho consiste en celdas de forma irregular y espaciadas, que tienen un promedio de 14 lados.

Con 625 millones de estas células vacías por pulgada cúbica (40 millones por centímetro cúbico), es como tener muchas capas de burbujas de plástico microscópicas apiladas, lo que lo convierte en un material de amortiguación eficaz.

Su baja densidad lo hace útil en productos como chalecos salvavidas y boyas. La gran cantidad de espacio de aire muerto hace que el corcho sea un material de aislamiento eficaz, tanto para la temperatura como para el ruido.

Además, es retardante del fuego; las llamas sólo carbonizan la superficie, y no se generan humos tóxicos.

Al cortar su superficie, se convierte muchas de las células microscópicas en diminutas ventosas, creando una superficie antideslizante efectiva. Además de ser flexible, el corcho es muy resistente.

Al ser aplastado bajo una presión de 14.000 libras/pulgada² (96.000 kPa), el corcho recuperará el 90% de su tamaño original en 24 horas.

El corcho no absorbe ni el polvo ni la humedad, y resiste tanto a la podredumbre como a los insectos. Resistente al desgaste, se utiliza también para el pulido de diamantes.

Entre los muchos productos hechos de corcho se encuentran materiales para pisos (linóleo), plantillas para zapatos, paneles para techos, juntas, forros para cascos de seguridad, tapones para botellas, dianas, tableros de anuncios y núcleos para pelotas de golf y de béisbol.

Se desarrollaron numerosos materiales artificiales para sustituir al corcho en aplicaciones específicas (por ejemplo, una bolilla sintética para los silbatos, plantillas de espuma para zapatos o chalecos salvavidas de espuma de poliestireno).

Sin embargo, no se desarrolló ningún sustituto general del corcho que pueda utilizarse en diversas aplicaciones.

Historia

Se encontraron tapones de botellas de corcho en tumbas egipcias que datan de hace miles de años.

Los antiguos griegos usaban corcho para hacer flotadores de redes de pesca, sandalias y tapones de botellas.

Hace dos mil años, los romanos utilizaban el corcho de diversas maneras, incluyendo chalecos salvavidas para los pescadores.

Durante cientos de años, las cabañas mediterráneas se construyeron con techos y suelos de corcho para evitar el calor del verano y el frío del invierno, y para proporcionar una superficie suave para caminar.

La popularidad del corcho como tapón llevó al cultivo deliberado de alcornoques, que antes de 1760 se cosechaban dondequiera que crecieran.

La revolucionaria tapa corona -una tapa de metal forrada con un disco de corcho natural conocido como tapa de botella- fue inventada en 1892.