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La Industria del Corcho en Andalucía

Si viajas por el oeste de Andalucía -desde Gaucín hasta Ubrique, pasando por Ronda hasta Vejer y casi hasta Algeciras- entre el 15 de junio y el 15 de agosto de cualquier verano, puedes vislumbrar el sector agrario más enigmático (y legal) de Andalucía, el cultivo del alcornoque.

La ley prohíbe a los recolectores de alcornoque, empleados de las fábricas de corcho de Cortés de la Frontera y otros lugares, recolectar el corcho fuera de este breve período, ya que podría dañar la salud de los árboles.

Los hombres pasan dos años en la universidad estudiando la materia antes de que se les permita acercarse a un árbol con uno de los cuchillos de corcho especiales.

Fuera de los dos meses de cosecha, todos los hombres tienen diferentes trabajos en las fábricas de procesamiento durante el resto del año.

Las personas que conducen o hacen senderismo en esta región se encontrarán a menudo pasando por pilas de madera cercadas. La mayoría no sabe que se trata de cientos de miles, o incluso millones, de euros tirados en el suelo.

La industria del corcho ibérico -además de los tapones para botellas, también se utiliza en diversos procesos, desde la construcción de automóviles hasta el aislamiento de aviones- tiene un valor estimado de dos mil millones de dólares.

Tras los desastrosos incendios forestales ocurridos en Portugal en 2003, España se ha convertido en el mayor productor mundial de corcho.

Algo de Historia

Los bosques de Andalucía estaban formados por moreras, que cultivaban gusanos de seda para la producción de las famosas sedas de la región.

Este proceso se conoce como sericultura e implicaba que los gusanos de seda se hirvieran vivos para producir su precioso cargamento.

La transición gradual de la morera al alcornoque sigue siendo un misterio; algunos creen que fue una forestación deliberada, una plantación; otros creen que en alguna batalla darwinista, la morera perdió su territorio en favor del alcornoque.

El alcornoque, quercus suber -quercus del latín para roble, suber del latín para corcho- es originario de las orillas norte y sur del Mediterráneo. Se desconoce su edad, pero el quercus suber o sus antepasados existen desde hace al menos 147 millones de años, cuando un Evento de Selección evolutivo -tal vez un cambio drástico en el clima- provocó el declive de los árboles de gimnospermas (mono-semilla) y la aparición de plantas y árboles de angiospermas (multi-semillas).

Más adecuadas para la propagación y distribución de semillas, las angiospermas, entre las que se encuentran las primeras especies de quercus, se extienden por el Mediterráneo, formando parte del maquis, o matorral, que cubriría la cuenca mediterránea durante millones de años.

El hombre primitivo habría utilizado el quercus suber, entre otros de la familia del quercus (hay docenas de variedades) para leña, implementos, armas y, cuando los cazadores-recolectores comenzaron a asentarse alrededor del siglo XIII a.C., para construir.

Los arqueólogos han encontrado evidencia de tribus que trabajaban con el quercus suber en el norte de África antes del año 6.000 a.C.